William Vance Masterson
Tribuna para la Defensa de la Tauromaquia, Tauromaquias Integradas

Walter Johnson en su obra definitiva en inglés sobre la Corrida de Toros, BRAVE EMPLOYMENT, publicada por el Club Taurino de Londres en 1997.

Los siguientes comentarios, no los dirijo a los convencidos…los aficionados a la corrida de toros y de la Tauromaquia. Demasiadas veces escribimos exclusivamente a los adeptos en la materia sin prestarnos a influir, dentro de nuestras posibilidades, en la obligación de promover, dignificar y expandir nuestros horizontes hacia los que desconocen nuestra Fiesta Taurina. Tal como dijo el gran escritor, Juan Eslava Galán durante una conferencia en Córdoba, los “intelectuales”…y no me considero uno de ellos…escriben únicamente para sus colegas académicos lo cual no es mi pretensión al exponer sobre la belleza, la tragedia y el drama del Arte del toreo.

Desde las primeras semillas de mi afición (1963) al toreo en la Plaza de Nimes he cuestionado el término “bullfight” (1) que en inglés significa combate y, en este caso particular, entre el hombre y el toro. Inicialmente, acepté este término considerándole legitimo aunque a través del tiempo escuchando a doctos en la Tauromaquia, asistiendo a espectáculos mi percepción inicial de la corrida evolucionó desde la de un espectáculo donde el toro muere y el torero sobrevive hasta lo que Ernest Hemingway describe como “el único arte en donde el protagonista está en peligro de muerte y dentro de lo cual su grado de perfección técnica depende en gran medida de su honor” y tal como lo expresó el escritor, acepté su visión de la moralidad de la corrida por hacerme sentir bien y entender con mayor profundidad “…el sentimiento de la vida y de la muerte, de lo moral y lo inmoral… En la corrida existe la tragedia ordenada y disciplinada por un ritual preciso.” En resumen, Papá (2) Hemingway, dejó claro que la corrida no es un deporte en el sentido anglosajón de la palabra. No es una tentativa de combate a igual entre un toro y un hombre. Es más bien, una tragedia directamente relacionada con las Bellas Artes y el conjunto de las disciplinas que buscan la expresión de la belleza: la música, la escultura, la pintura, el dibujo, la danza, la poesía, la literatura, el cine, la arquitectura y el correspondiente dominio de la técnica en cada disciplina que diferencia lo bueno de lo malo dentro de la estructura correspondiente a cada una de ellas. Sería muy atrevido decir que todo lo que corresponde a las disciplinas de las Bellas Artes sean un símbolo de la belleza y, por lo tanto, siempre tendremos que evaluar cada contribución artística según sus méritos y la técnica empleada. En este caso el matador y su arte o la carencia del mismo.

El Maestro, Antonio Ordoñez y el escritor norteamericano, Ernest Hemingway en Haro (La Rioja) durante el verano peligroso de 1959. El Maestro Ordoñez, por la esencia de su toreo ortodoxo, fue el primer torero en recibir la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 1998 y Hemingway el Premio Pulitzer en 1953 y el Nobel de Literatura en 1954. Hemingway, se enamoró de España durante su primer viaje en 1932 y realizó su último viaje para documentar EL VERANO PELIGROSO y la supuesta rivalidad entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordoñez, con lo cual compartió una gran empatía. En total escribió dos novelas sobre el toreo basándose en su obsesión trágica por el toreo. Hemingway se suicidio en Ketchum, Idaho el 2 de Julio de 1961.

La persistencia de mantener la expresión equivocada de “bullfighting” contribuye a un debate falso sobre la Tauromaquia y de la técnica del toreo. Tanto Hemingway como Walter Johnson propusieron que, en realidad, no existe un término que exprese plena y correctamente algo tan distinto a las demás Artes, consideradas las disciplinas de las Bellas Artes por su potencial trágico tan sumamente enraizado con la muerte, el honor, la inmortalidad, la belleza, el valor cultural y personal dentro de la estructura de la suerte” (3).

En múltiples ocasiones he escuchado a individuos que saben poco de España: vienen de vacaciones a la costa, juegan al golf, viven en comunidades donde los menús de los restaurantes y bares representan un insulto continuo para el idioma de Cervantes, beben malos caldos en exceso, cenan a las 17.00 horas bajo un sol espeluznante y no se atreven ni a utilizar los saludos de buenos días, buenas tardes o buenas noches, aunque critican en su mayoría, las corridas de toros. A pesar de todo lo anterior, los pobres anglosajones no son los culpables en lo que respecta a su desconocimiento de nuestra Fiesta de los Toros. El error está en el término “bullfighting” que por desgracia no ha sido corregido ni por los aficionados de la Fiesta, ni por los que dictan la legitimidad y la veracidad lingüística del vocabulario Inglés, y que en este exabrupto especifico, permiten la continua equivocación de unos individuos indocumentados que exclaman con total seriedad su preferencia por la muerte del hombre en vez del toro bravo. Son los acólitos de los animalistas y sus aliados entre los políticamente correctos que demuestran su moralidad cuando dan más importancia y mayor esfuerzo emocional a la situación del cerdo chino, la existencia de abortos sin límite, la muerte de un terrorista asesino de creyentes, tanto cristianos como de otras opciones espirituales, con una frecuencia casi a diario. Por otra parte, no me preocupa una crítica razonable y constructiva a la corrida de toros, pero propongo que se evite los argumentos emocionales y que se trate todo el contenido profundo de la tauromaquia y, sobre todo, su influencia continuada en las disciplinas de las Bellas Artes que, según la definición de Arte, engloban todas las creaciones realizados por el ser humano para expresar una visión sensible del mundo.

Robert Ruark (4), proponía que “…el hombre puede conseguir su inmortalidad únicamente a través de su forma de actuar”. La tragedia viva de la corrida, sin duda, ha dejado evidencia de la gloria de la inmortalidad, Ruark en su novela, SOMETHING OF VALUE, avisa que cuando quitamos de un hombre su forma tradicional de vivir, sus costumbres, su religión, existe la obligación del detractor de reponerlas con “algo de valor” y este consejo es más fácil de entender que de cumplir existiendo muchos ejemplos nocivos del deseo por parte de algunas tendencias poco liberales de desear la creación de un hombre nuevo, dominado por un pensamiento único. Prueba de ello siendo los que han sembrado su inmortalidad en una Plaza de toros u otras opciones, contribuyendo al conocimiento que hace progresar a la civilización. No es por casualidad que recordemos a los que promocionan la belleza y las buenas obras. Incluso, nuestra propia memoria efímera* (5) es evidencia de ella. La inmortalidad es frecuentemente el recuerdo de las huellas de la tragedia y la simbiosis no casual que existe entre la vida y la muerte tal como se transmite durante la corrida de toros. Entre los multitudinarios ejemplos de la tragedia y de la inmortalidad mi experiencia propia me ha impreso el sentir de esta realidad. Un día presté mi habitación en un hotel de Miraflores de la Sierra de Madrid a un joven matador y siete horas más tarde un toro le destinó a la inmortalidad (6) seguida, unos meses más tarde, por su Apoderado. Dedico este artículo en recuerdo de su inmortalidad a ambos; hombres de honor.

Es digno de discusión la tendencia hacia el “pensamiento y de doctrina de grupo” que promueve la monstruosidad cultural y ética que es el pensamiento de lo políticamente correcto que disminuye nuestra capacidad de pensar y de criticar. Los ejemplos de individuos y de colectivos que sacrifican su libertad de creer y ser veraces portadores de opinión y, sobre todo, en lo que concierne a la cultura que representa la manifestación más sublime de la humanidad. El ataque frontal a la Tauromaquia para dichos pensadores grupales y de fuerte influencia anglosajona, en mi opinión, significa una falta de conocimiento de la grandiosidad del toro bravo, y la influencia del mismo desde los tiempos ancestrales hasta la actualidad. Dicha herencia cultural e inmortal proveniente de la Tauromaquia como demostrativo de “valores” es irremplazable. ¿Con que pretenden sus detractores sustituirla?

Desde sus inicios la esencia vital del toreo y su relación directa con valores tales como el honor, la fidelidad, la vida, y la tragedia representan una contribución continua al pensamiento y la creatividad. Como decía Ortega, la modernidad ha disminuido el valor de dichos conceptos. En EL ESPECTADOR, Ortega (7) nos avisó “que quien sienta menos apetitos vitales y percibe la existencia como una angustia omnímoda, según suele acaecer al hombre moderno, subvierta todo a no perder la vida. La moral de la modernidad ha cultivado una arbitraria sensiblería en virtud de lo cual todo era preferible a morir. Un amigo mío, cirujano plástico, me comenta que su profesión se está convirtiendo en lo que no es según los pensamientos del ilustre pensador. Mi amigo cirujano se confiesa…” incapaz de rejuvenecer a una abuela y convertirla en la imagen de su propia hija”. El toreo a través de su complicada red trágica es un sano recordatorio de lo que no puede ser, además de lo que es imposible. Envejecemos y morimos.

La nieta de Ernest Hemingway, Margaux, con la cual colaboré promocionalmente en U.S.A durante 1984. Margaux, aunque heredera del apellido Hemingway de Jack Hemingway, primer hijo del escritor, no compartía especialmente la filosofía de vida de su abuelo, aunque, por desgracia, fue la quinta en cuatro generaciones de su familia de sufrir el suicidio en 1996 con 42 años.

Mi novela preferida de Ernest Hemingway es una de las menos conocidas por los lectores, aunque representa más dramáticamente su concepto de la vida y de la sensibilidad humana que expresa claramente todas las temáticas de las obras del escritor: la juventud y la edad, el amor y la guerra y, sobre todo, lo que hace que un hombre sea hombre. ACROSS THE RIVER AND INTO THE TREES (8) es la historia íntima del Coronel Richard Cantwell, consciente de la esencia de la vida y de su propia existencia temporal dentro de ella que realiza su último viaje a Venecia. Durante tres días, igual que los tres actos de una corrida de toros, conocedor de que su vida está llegando a su fin. El Coronel Cantwell acepta su realidad expresando las últimas palabras del General Stonewall Jackson del Ejercito de los Estados Confederados previas a fallecer de un tiro mortal en el campo de batalla: Dirigiéndose a su Ayudante dice “Ordena a A.P. Hill a preparar la tropa para entrar en acción y vamos a cruzar el rio y descansar a la sombra de los árboles”. La “suerte suprema” del Coronel forma parte de la vida misma. Hace unos años conocí a un finlandés que en mi presencia recibió la noticia del fallecimiento de su hermano explicándome que así es nuestra presencia en la tierra y que lo que empieza termina y nada más. Todos tendremos algún día que cruzar el rio y entrar dentro de los árboles. La corrida de toros y la belleza de su pasillo seguida por los tres actos de la suerte representan, según mi interpretación, el inicio de dicho viaje que significaría la elegancia y, el pundonor durante la transición hacia nuestra propia muerte. A nosotros, nos corresponde nuestro momento propio de la verdad. Un instante, potencialmente de inmortalidad, que se encauza dentro de la “suerte” de la vida. ¿Con que pretenden los detractores de la esencia misma de la vida sustituir la belleza del paseíllo (9), los actos que nos llevan a la suerte suprema y nuestra propia existencia de contrastes de luz y de sombra que corresponden a la existencia humana? La corrida de toros tanto como nuestro propio paseíllo potencial hacia la inmortalidad no es un combate, tal como implica el término erróneo “bullfighting”, que tanto ha contribuido a desprestigiar la esencia mística (10) del toreo.

(1) Según la traducción del término “bullfight” al castellano, se traduce como “corrida”. Sin embargo el anglosajón lo interpreta como “combate contra un toro” y el toreo bajo ningún concepto es un combate.

(2) Papá: Apodo cariñoso y respetuoso referente a Ernesto Hemingway.

(3) Suerte es por definición aplicado a cada uno de los tres actos, etapas de la corrida; varas, banderillas, matar.

(4) Robert Ruark nacido en Carolina de Norte en 1915 y fallecido en Londres en 1965. Escritor, Cazador en África y parecido a Hemingway tanto en aficiones como en carácter y, por lo tanto, no es considerado como imitador. Escribió, entre otras novelas, SOMETHING OF VALUE (ALGO DE VALOR).

(5) Toda expresión artística concebida bajo un concepto de fugacidad en el tiempo, de no permanencia como objeto artístico material y conservable. Siendo ejemplo, Curro Romero, el 23 de Junio de 1973 en Granada. Lo recuerdo en todos mis sueños.

(6) Inmortalidad califica aquel cuya vida es eterna ya que no puede fallecer. La muerte, por lo tanto, nunca le puede llegar a quien es inmortal. Dedico este artículo a la inmortalidad de José Cubero, matador de toros, y a su Apoderado, Tomás Redondo.

(7) José Ortega y Gasset (1883-1955) el pensador más universal producido por la España contemporánea e ilustre aficionado a la Tauromaquia.

(8) Cruzando el río y entre los Árboles

 (9) La procesión ceremonial de entrada al ruedo de la plaza de los matadores y de sus correspondientes cuadrillas.

(10) Expresión literaria de la experiencia de lo divino.